(Taika Waititi, 2017)

REESCRIBIENDO EL PASADO

Esta tercera aventura de Thor rompe con las dos anteriores. Dejando atrás la solemnidad y dramatismo de aquellas, la sátira es el registro empleado por Taika Waititi, director habituado a comedias, para narrar este apocalipsis nórdico. Ante su inminente muerte, Odín (Anthony Hopkins), revela a sus hijos Thor (Chris Hemsworth) y Loki (Tom Hiddleston) la desconocida identidad de su verdadera primogénita, Hela (Cate Blanchet), diosa de la muerte. Llegado el momento, ella reclama su legítimo derecho al trono de Asgard y revela el pasado ocultado por Odín, en que padre e hija gobernaron por medio del terror. En la disputa por la herencia, los hermanos son confinados a Sakaar, un planeta gobernado por el Grandmaster (Jeff Goldblum), lleno de residuos del universo y visiblemente inspirado en Flash Gordon (1980). Allí, Thor es secuestrado por una Valkiria (Tessa Thompson) y es transformado en gladiador para luchar contra Hulk (Mark Ruffalo) que ha encontrado, como campeón e ídolo de masas, la aceptación que no encontraba en la Tierra. Para evitar la destrucción de su pueblo, Thor debe escapar a tiempo de la reclusión en este colorido planeta, desenvolviéndose con un constante desenfado en una gama multicromática y tintes ochenteros, con los cuales deja atrás la oscura tonalidad en que hasta ahora se ha manejado.


Pero la ruptura con el pasado no se queda en el humor y la propuesta estética, sino que es el leitmotiv que configura el dilema vertebrador en torno al cual se posiciona cada personaje en el discurrir de la trama. Todos ellos tienen un conflicto interno con la historia que acompaña su vida. Odín decidió dejar de ser un gobernador déspota, desterró a su avariciosa hija y reescribió su historia llenándola de bondades y valores, pero ocultando una realidad que tarde o temprano volvería a salir a la luz. Hela pretende restituir Asgard a sus viejos tiempos quitando la máscara altruista con que Odín la revisitió. De un modo similar, Loki había fingido su muerte y reescrito la historia saturando a Asgard de monumentos en su nombre; y ya en Sakaar, él y Thor han de elegir, en la que es la trama argumental principal, qué historia quedará para contar sobre Asgard. Thor no quiere permitir que su pueblo sea arrasado, mientras Loki prefiere no mirar hacia el pasado, como Hulk que lleva dos años negándose a convertirse en Banner huyendo de la incomprensión que despierta en la Tierra; y también como Valkiria quien desde la derrota sufrida en el pasado, no tiene interés en volver a defender Asgard. Korg (Waititi), un gladiador que también tiene su revancha personal con el pasado por estar desheredado tras intentar una revolución con nulo éxito, es el único que apoya desde el inicio a Thor, en este planeta hecho para el ocio y explotación de personajes con una vida sin rumbo. Sakaar mismo es un planeta hecho para renunciar al pasado, pues el propio Grandmaster, cuyo origen se desconoce, al llegar allí construyó este imperio en miniatura para vanagloria de su propia imagen.



Este argumento político que se debate entre recuperar el pasado perdido u olvidarlo, atañe a todos los personajes presentes, detrás de una maraña de constantes chistes y alivios cómicos, que al ser constantes enturbian la profundidad del relato. Además del guardián Heimdall (Idris Elba), quien aparece brevemente para proteger a algunos asgardianos mientras esperan al regreso de Thor, es Hela quien se mantiene todo el relato alejada de comedia, conservando su imagen en una rotunda seriedad dramática. Porque al margen de las épicas escenas de combate de Thor, son las escenas de Hela, incluidas las escenas históricas de las valkirias haciéndole frente a ella, las que conservan una solemnidad constante, conservando la dignidad que supone el posible cataclismo asgardiano. Esta dualidad de registros se produce de manera descompensada, porque además de fragmentar en relato en drama y comedia absurda, la narración se interesa más por lo que sucede en Sakaar que en la toma de Asgard a manos de Hela, cuyos acontecimientos se precipitan y aglutinan, dando menos tiempo en pantalla del que cabría esperar, a la magnética y vibrante interpretación que Cate Blanchet hace de Hela.



En cuanto a la música, destaca el aquí leitmotiv de Thor, Immigrant Song de Led Zeppelin, que acompaña en varios momentos al protagonista. Mientras que el resto del film la banda sonora escogida, opta por sonidos electrónicos y sintetizadores. mientras el resto del film no comparte sus sonidos aunque acompañada de una banda sonora más ochentera y con sintetizadores con la que no comparte sonidos con los acordes eléctricos de Led Zeppelin. La canción del inmigrante actúa como buen vehículo narrativo, por sus referencias en su letra a la mitoligía nórdica y al carácter nómada de los pueblos vikingos a los que ésta se vincula. La épica de estas escenas, alimentan la fútil especulación sobre qué cabría esperar si el relato se hubiese reducido la frecuencia de chistes. La abrumadora cantidad de chistes no juega a favor de la profundidad contenida y decanta el discurso a favor de la narración. Pero el germen del problema estriba en que las escenas de mejor factura son aquellas que se recrean en la seriedad que supone el posible fin de Asgard y eluden la sátira que gobierna sobre los dominios de este film.


Es en la mayor acentuación cómica donde el relato rompe con sus films antecesores, Thor y Thor: The Dark World, siguiendo la línea de las autorreferencias paródicas que parece ir ganando cuerpo en el universo Marvel, con los personajes de Avenges y especialmente con Guardians of the Galaxy, cuyo fórmula comercial parece perseguir Thor: Ragnarok al encaminarse  más que a una película de superhéroes, a una space ópera que reúne acción y humor con música de los setenta. No por casualidad, es precisamente Thor, el personaje con trasfondo cósmico de los Avengers, quien con esta entrega parece conducir el relato hacia el anunciado crossover con Guardians, que tendrá lugar en Avengers: Infinity War. Y sin embargo, a pesar de este juego de excesos y rupturismo, como trilogía, cumple a la perfección el viaje del héroe como regreso a casa, del cual la primera entrega era la partida y la segunda, la iniciación en el mundo oscuro. No cerrando el ciclo del héroe, sino dejándolo abierto para ser continuado por relatos externos.

Luis N. Sanguinet



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