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viernes, 20 de febrero de 2015
Foxcatcher, Bennett Miller - Birdman or (The Unexpected Virtue of Ignorance), A. G. Iñárritu
DUELO DE ÁGUILAS:
“Cada generación tiene su misión y no necesita hacer tan extraordinarios esfuerzos, que lo sea todo para la anterior y para la siguiente.”
Søren Kierkegaard.

 Dos aves, dos águilas, despliegan sus alas para alzar el vuelo, una de las principales fuentes de asombro suscitadas por las figuras de la naturaleza en el hombre. Ambos personajes buscan emular las motivaciones bélicas de Aquiles y despertar el asombro del colectivo social presente y venidero: John du Pont (Steve Carrell) y Riggan Thompson (Michael Keaton) o lo que es lo mismo, Golden Eagle y Birdman, cargan con emblemas de fulgurantes aves y ambos buscan encumbrarse con el reconocimiento social de su trabajo. Las diferentes herramientas que utilizan y el campo en que cada uno persigue su prestigio, dan cuenta de las pretensiones individuales y morales que entran en juego y de la problemática que puede llegar a suponer, el hecho de llevar dicha búsqueda más allá de los límites esperados. Poniendo en cuestión los órdenes éticos y morales.

Pero aunque la meta perseguida por ambos es la misma, intentar dirigir sus viajes en sentidos diametralmente opuestos: John du Pont utiliza el apodo Golden Eagle, elegido por él mismo, para ser adulado en certámenes y en documentales, siempre de cara al público; mientras que Riggan busca despojarse del nombre de Birdman, el del público mayoritario, que representa su pasado vendido a las exigencias del mercado, su faceta más comercial. Riggan ya alcanzó ‘fama’ al abrazar el papel de Birdman, pero ha vivido desde entonces disgustado con esa decisión, la cual ahora intenta enmendar, dirigiendo a un público más selecto y exigente como es el de Broadway. No es fama a cualquier costa lo que persigue el ex-superhéroe, sino una fama amparada por la valoración artística, que le permita un rincón en el pedestal de la posteridad como referente cultural de su época para futuras generaciones.


Birdman (o la inesperada virtud de la ignorancia) (2014, A. G. Iñárritu), Fox Searchlight Pictures.

Llegados a este punto, las motivaciones de Riggan nos llevan a las mismas preocupaciones que despliega Kierkegaard en el prólogo de El concepto de la angustia:

 “¿Por qué querer abrazar el presente entero con su preocupación dominante, o creer que inicia una era o una época con su libro, cuando  no, según la última moda, con meras promesas solemnes, con amplias y seductoras indicaciones, con la insegura garantía de una voluta dudosa?”

La pretensión del escritor que señala Kierkegaard es la misma en que se precipitan Riggan y du Pont: el primero como artista y el segundo como patriota, buscan ambos atraer la mirada de las generaciones posteriores. ¿Pero a costa de qué? Hay que atender a los puntos a los que son capaces de llegar para alcanzar su cometido.


Foxcatcher (2014, Bennett Miller), Sony Pictures.

Para du Pont sí es el reconocimiento puro lo que lo impulsa, un reconocimiento generalizado y no uno específico que atienda a sus méritos.  No necesita que hagan sobre él una valoración que recoja tanto los frutos de su esfuerzo, como que refleje lo que es capaz de conseguir que los demás digan de él. Se excita al ser  mencionado como mentor, profesor, padre, al fin… un guía para sus luchadores en sus logros, pero no por el hecho de si realmente lo consideran tal. Aunque no sea el protagonista principal, representa el conflicto al que somete no solo a Mark Schultz (Channing Tatum), sino a todos sus luchadores, al hacerlos renunciar a sus asuntos personales para trabajar, no junto a él, sino bajo su techo. Sus recursos le permiten financiar sin a un circo para ser idolatrado a su propio gusto, eligiendo él mismo el apodo con el que quiere ser conocido.

Para Riggan no es tanto el reconocimiento en sí, sino una clase específica de reconocimiento, o también podemos considerarlo un reconocimiento global. El reconocimiento de las masas ya lo tiene, pues puede ir a un bar y encontrarse con gente que valora sus películas de acción. Por tanto no persigue el reconocimiento y vanagloria a toda costa, como du Pont, sino que su pretensión se sustenta en un valor social más cultural que generalizado. Riggan quiere sacarse la carga que el superhéroe alado le supone y recibir un reconocimiento por su labor artística, por una contribución a la cultura, que pueda ser admirada por generaciones futuras. Mientras que du Pont no da muestras de tener habilidades relacionadas con la lucha libre, lo único que desea que le reconozcan es el valor de su perseverancia como patriota estadounidense, que se sustenta únicamente en su capacidad adquisitiva, no en su esfuerzo. Por su puesto, nadie de sus entornos intentará poner en cuestión sus pretensiones. Nada ni nadie pondrá en duda a ese poder adquisitivo en el que se sustentan sus deseos al igual que, en otros diferentes ámbitos, los de toda una nación.

El cinismo que merodea a John du Pont, plantea una crítica más profunda al evidenciar los matices de hipocresía sin cuestionarlos explícitamente, como hace Birdman. Riggan tiene que aguantar una y otra vez cómo desde la crítica sentada en el bar, hasta su actor Mike Shine (Edward Norton), le recriminan una falta de talento contra la que él intenta luchar. Pero nadie se atreve a escupirle sus verdades a la cara de tal modo a du Pont. Sus capacidades adquisitivas dinásticas no pueden ser cuestionadas, pues hacerlo supondría para quien lo hiciera caerse del barco en el que viajan y perder la mejor financiación posible para presentarse a los Juegos Olímpicos. Por ello, todos deben actuar ante du Pont y todos así lo hacen. Mientras que ante Riggan acontece todo lo contrario, el circo que se mueve ante él, que intenta con mayor o menor éxito dirigir, se desvanece cuando recibe la opinión de los demás: Mike Shine actúa y sobreactúa en todo momento, excepto para señalar carencias en la obra de Riggan y despreciarla sin ningún pudor. Esto llega a suceder incluso en el primer pre-estreno, de manera espectacular, sometiéndolo a una humillación en público que su rol de estrella de la obra le permite.


Arriba: Foxcatcher (2014, Bennett Miller), Sony Pictures.
Abajo: Birdman (o la inesperada virtud de la ignorancia) (2014, A. G. Iñárritu), Fox Searchlight Pictures.

Los dos desenlaces con un arma en la mano de estos sujetos determina cuáles son los límites que cada uno está dispuesto a sobrepasar. Mientras du Pont no muestra tener verdaderos conocimientos de lucha libre, Riggan sí realiza el esfuerzo de enmarañarse en las entrañas de las artes escénicas. Riggan puede ser un artista o no, puede gustar su trabajo o no, pero es indiscutible el trabajo que realiza y que lo lleva al punto de ser capaz de arriesgar su propia vida por la causa. En el otro extremo, Golden Eagle siente demasiada atracción hacia sí mismo como para realizar un sacrificio, y a lo que está dispuesto a matar a quien ose interponerse entre él y sus deseos, y a quien estando en su cobijo se atreva a no rendirse incondicionalmente ante él.

Riggan Thompson quiere realizar su obra de teatro para desligarse de su pasado comercial, pero para llevar adelante la misma tiene que hacer a un lado su ego, otorgando el papel a Mike Shine a pesar de sus diferencias, dado su presencia en el cartel duplica la venta de entradas anticipadas. En este sentido no puede despojarse de la comercialidad en que se apoya la industria teatral, al igual que la cinematográfica. No puede, como el escritor de Kierkegaard, limitarse a escribir su libro y esperar a que las generaciones futuras hagan su propia valoración, pero ello no lo lleva necesariamente al callejón sin salida de dar la vida por ello.


Foxcatcher (2014, Bennett Miller), Sony Pictures.

Aunque no sea el protagonista, du Pont es el catalizador de los deseos de Mark Schultz y los límites de su avaricia patriota representan aquello a lo que Mark ansía alcanzar. Du Pont no persigue un sueño, solo persigue el reconocimiento, da igual por cual labor y las causas que lo hayan llevado a eso, porque a fin de cuentas no existen. Nada hace y nada lo mueve, solo persigue una fama insustancial, al tiempo que encuentra un hobby en el que gastar su dinero. Le resulta tal en tanto que se le celebran ceremonias de agradecimiento y en tanto que, él mismo, graba un documental recogiendo testimonios de agradecimiento y fidelidad que realmente no existen. Él no es un mentor, ni les aporta nada a sus chicos. El mismo Schultz es quien aporta todos sus conocimientos y capacidades al respecto, mientras du Pont solo vacía sus acaudaladas arcas para que esté todo a su gusto. Aunque du Pont pretenda mostrarse al mundo como el guía espiritual de los medallistas, no es en realidad sino una herramienta que les es útil, pero para ello ha de reconocérsele un mérito inexistente.

Esta dependencia emocional no la tenemos en Birdman, al menos no tan a flor de piel. Lo que mueve a Riggan, a sus alturas de la vida y habiendo hecho la carrera que ha hecho, es el reconocimiento que el mundo de las artes escénicas pueda algún día otorgarle. Pero al profundizar en los entresijos del personaje, en su paulatino descenso hacia la locura, afloran las emociones más escondidas como el cariño que siente por su hija y el intento de suicidio tras separarse de su ex-mujer.

Poder, fama y reconocimiento… son tres cosas muy distintas, que debido a la frecuencia con que se muestran juntas pueden ser confundidas y acostumbran serlo. Riggan pretende el reconocimiento artístico, al margen de que conlleve fama o no, pues la fama ya la ha conseguido por las vías comerciales. Como le señala Mike Shine, “la popularidad es la criada guarrilla del prestigio”. Du Pont por su parte, no desea más poder -adquisitivo- del que ya tiene, y no necesita del reconocimiento real de sus luchadores, lo único que requiere es el prestigio que le suponen la idolatría pública de éstos, sentándolos ante una cámara y haciéndoles decir lo importante que él ha sido para ellos. Este detalle, el apoyo en unos personajes con 'vacíos profundos', da un punto más dramático a la crítica social en Foxcatcher que en Birdman (o la inesperada virtud de la ignorancia). 


Birdman (o la inesperada virtud de la ignorancia) (2014, A. G. Iñárritu), Fox Searchlight Pictures.

Ésta última plasma el atropellado ritmo caótico y carente de valores culturales profundos de nuestra sociedad, cuyo lugar pasa a estar ocupado, en lugar de por obras de arte eternas, por caracteres transitorios y fugaces como los que llegan al trending topic. Dicha inversión de valores es la recogida por la frase de Barthes: 

“La obra cultural que en el pasado realizaban los dioses y las sagas épicas ahora la realizan los anuncios de detergente para lavadora y los personajes de cómic”. 

En el otro extremo del tapiz tenemos, en Foxcatcher, a una radiografía psicológica de la meritocracia y cultura económica estadounidense. Con un ritmo pausado, que exige una mayor implicación del espectador al respecto. Nos encontramos desde luego ante dos de los largometrajes más redondos y profundos del panorama actual, y que hacen de la representación social y psicológica una de sus principales virtudes al reflexionar sobre las implicaciones y pretensiones del individuo para con la sociedad. Lo cual nos permite llevar sus discursos a la reflexión de Kierkegaard: 

“Cada individuo de una generación tiene, como cada día, su carga especial y bastante que hacer con preocuparse de sí mismo.”

Luis N. Sanguinet


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