EN LAS NARRATIVAS DE VATEL 

Y LO QUE QUEDA DEL DÍA 


Arriba: The Remains of the Day (James Ivory), Columia Pictures ©1993
Abajo: 
Vatel (Roland Joffé), Gaumont ©2001

Tanto en la historia que se cuenta en Vatel (Roland Joffé, 2001) como en la propia de Lo que queda del día (James Ivory, 1993), entran en conflicto la capacidad de amar y la de servir. Vatel (Gerard Depardieu) es un cocinero del siglo XVII y Stevens (Anthony Hopkins), un mayordomo del siglo XX. Situados en dos contextos bien distintos, parecieran no pertenecer a su tiempo. Vatel tiene una mentalidad muy moderna para el Antiguo Régimen adónde pertenece y Stevens carga con estrictamente con costumbres y protocolos que llegan a resultar incomprensibles para sus amigos cercanos, como la Srta. Kenton. Parecieran haber sido intercambiados de escenario, pues ambos personajes encajan mejor en el escenario del otro, Stevenes en el estricto Antiguo Régimen y Vatel en la época moderna, donde alguien de su destreza puede sobradamente buscarse la vida y tener una vida propia, como hizo la Srta. Kenton lejos de Stevens.

El carácter de Vatel es antagónico al de Stevens. El primero vive de la improvisación mientras el segundo se aferra a la rutina, pero a ambos les valen sus respectivas posturas para dirigir a los sirvientes bajo su mando: mientras el francés les pide dedicación y esfuerzo en su trabajo, el inglés les exige ceñirse a unas normas de comportamiento. Así encaran ambos personajes su vida laboral y por contagio, sus relaciones sentimentales: Stevens marca los límites en su relación con Kenton, ni siquiera para no tener una relación con ella, sino más bien para no distraerse de sus labores; mientras que Vatel se siente impulsado por sus pasiones al conocer a Anne, encontrando en ella una inspiración para sus dedicaciones.


The Remains of the Day (James Ivory), Columia Pictures ©1993.


Vatel busca la perfección en todas las facetas de su vida y por esto no se ha entregado a ninguna mujer, pues no quiere una relación con alguien de una situación social distinta a la suya y dada su condición exclusiva de intermediario, todos los personajes se encuentran socialmente por debajo o por encima de él, no tiene un igual. Pero Anne aparece como una chica del entorno de la nobleza,  más bien al servicio de ésta, que no asume los comportamientos que el código elitista exige, manteniendo con dicha postura su dignidad. Vatel y Anne se distancian al interponerse el Rey en su relación, requiriendo los servicios de ella. En Lo que queda del día, Kenton y Stevens son personajes muy cercanos, pero sus respectivos roles impiden que la relación pase del plano laboral al sentimental, más por parte del mayordomo que del ama de llaves.


Vatel (Roland Joffé), Gaumont, ©2001.

La dicotomía amor-trabajo se muestra de dos formas muy distintas. Vatel asume resignado su amor por Anne como un deseo inalcanzable, mientras Stevens se ciñe tanto a su trabajo que ni siquiera se lo plantea una relación con Kenton. Vatel accede a amar y ello acarrea nefastas consecuencias para Anne, pues exponer su relación en público puede llegar a privarla de las pocas libertades que conserva. Es por esto que Vatel no quiere continuar la relación, para no causarle daño a la mujer a la que ama; lo cual sumado a la pérdida de su señor, que ha usado a Vatel como moneda de cambio, lo lleva a ver el suicidio como única solución. Pero mientras la relación de Vatel y Anne podría verse desde la nobleza  como una ofensa, en el contexto histórico de Stevens no se prohíbe una relación entre mayordomo y ama de llaves; e incluso años más tarde, sin la relación laboral de por medio, Stevens continúa reprimiendo sus sentimientos hacia Kenton. Posiblemente influyó en Stevens el pesar de su padre, que al ser engañado por su mujer no encontró en el amor una forma de realización. De ser rechazado podría sentir su dignidad insultada y eso es algo que su orgullo de mayordomo no le permite.


A pesar de sus discrepantes puntos de vista, Vatel y Stevens comparten muchos aspectos, como por ejemplo el perseguir obsesivamente la perfección. Además ambos se encuentran en el rango superior que la servidumbre que su época les permite. Los dos son intermediarios, mandando sobre sus inferiores y respondiendo por ellos ante sus superiores. Se mantienen al margen de las ocupaciones de sus señores y no se entrometen en sus asuntos, más allá de su capacidad para mejorar su imagen. Para pertenecer a clases bajas, tienen ciertos privilegios que los demás no pueden permitirse. Como bien le dice un camarero a Stevens, su máxima aspiración es poder tener su propio despacho y fumarse un puro ante la chimenea, pues su situación es la más privilegiada a la que los sirvientes pueden aspirar. Cuando la máxima aspiración de Stevens es imitar por unos instantes algún superficial comportamiento de su señor; y Vatel queda entregado como obsequio por el hombre que supuestamente lo valoraba como a un amigo, ¿en qué lugar dejan cada uno a su dignidad? De esta atención al lugar de dichas historias en que la servidumbre compite con el romance, pasamos en el siguiente post a la cuestión del lugar en que se debate la dignidad, según las diferentes decisiones que llevan a ambos personajes a renunciar al amor. Acompañados de un tercer film, que sirve de contraejemplo a ambos.


Vatel (Roland Joffé), Gaumont, ©2001.

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*Ese tercer film es Los santos inocentes (Mario Camus, 1984), en el cual el protagonista Paco 'el bajo' (Alfredo Landa), campesino que sirve a la familia terrateniente, tiene mujer e hijos, algo que Vatel y Stevens no llegaron nunca a conseguir. Todos sus cercanos tienen privilegios para su clase social, pues tienen educación y disponen de materiales que los campesinos de antaño no podían permitirse. Incluso el Señorito Iván necesita que se inmiscuya en su mundo, pidiendo que lo acompañe, para poder gozar de prestigio entre los demás personajes de la aristocracia española. Es Iván quien necesita a Paco y requiere sus servicios, para mantener su imagen de éxito en la caza. Pero Paco lo hace meramente por amistad y afecto, sin buscar ningún tipo de reconocimiento social. No podemos hablar de la dicotomía amar o servir, pues no se da el amor en el mismo sentido que en Vatel y Lo que queda del día; pero el conflicto es muy similar, pues el afecto de Paco por Iván es tan grande que le impide apreciar las brutalidades que comete contra él. Su cariño por el señorito al que ha visto crecer toda su vida, lo ha dejado ciego ante sus actos.


Luis N. Sanguinet


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