(Roy Andersson, 2014)

REFLEXIONES DISECADAS

Roy Andersson Filmproduktion AB / Nordisk Film- & TV-Fond ©2014.

Roy Andersson cierra su particular trilogía sobre el ser humano, con la historia de Jonathan (Holger Andersson) y Sam (Nils Westblom), dos tristes vendedores de artículos de broma que se encuentran perdidos en la sociedad, sin un trabajo que encaje con sus formas de ser. Este relato, intercalado con episodios argumentalmente ajenos en que la muerte se presencia, no deja de ser un reflejo de los sentimientos más cotidianos de una sociedad actual, que dirigiendo la atención a aspectos banales hace explícita una disconformidad que subyace profundamente en la vida humana moderna.

La propuesta técnica y estética mantiene cohesión con los dos trabajos anteriores de Andersson: escenas resueltas con un solo tiro de cámara desde el cual contemplar, con un tempo pausado, un mundo dominado por la inacción y los colores desaturados, más proclive para lo muerto que para lo vivo y, sin embargo, con un amplio lugar reservado para las negras carcajadas, con las que ironizar sobre las tristezas más humanas. La calma con que el realizador sueco ha elaborado este tríptico que inició hace quince años, está también impresa en el peculiar ritmo narrativo que mantiene esta trilogía, la cual no se centra en las grandezas, sino en las miserias de nuestra especie.



Dado el quietismo reinante, más que teatralidad late un trasfondo pictórico, que invita a contemplar cada escena como a un cuadro con el que dialogar y reflexionar al mismo tiempo. La cámara, siempre inmóvil, aguanta angustiosamente la duración de cada escena, acentuando tanto la inacción de los personajes, de la que ellos mismos se esconden, como su carácter distante, que se pierde en los escenarios, en largos pasillos, en calles y parajes vacíos, en los bares, salones y hogares con paredes y matices desgastadas y deterioradas. No hay lugar para la diversión.

La inexpresividad reina en este universo en el que los personajes se ven pálidos todos ellos, cubiertos por una capa de maquillaje que les otorga un aura funeraria, pero manteniendo su presencia patética. Deambulan como muertos vivientes entre los amplios y espaciosos salones y bares que componen su banal universo, que en definitiva, es el de una sociedad moderna al uso. Tanto escenarios como interpretaciones, apoyados en la alejada distanciada física y simultáneamente emocional de la cámara, instiga al espectador a guardar su sitio y abstenerse de identificaciones, haciéndolo comportarse, en esa reacción, exactamente como un calco de estos apáticos personajes.



El sarcástico humor tan cercano a la muerte, además de frío, amargo y crudo, se enreda en rutinas que se repiten una y otra vez, de las que los personajes no consiguen ni buscan escapar y contra las que se dan de bruces incesantemente. La abundante espacialidad de los planos, siempre generales o al menos bastante abiertos, devora la narración engulléndola. Las coreografías llegan se hacen prolongadas en las escenas largas, incluida una trabajada al detalle irrupción anacrónica en un bar actual del rey Carlos XII de Suecia (1682-1718). Las amplias dimensiones y abundantes vacíos de estos escenarios, muestran a los protagonistas de las escenas desamparados, señalando una insignificancia en los problemas individuales, con frecuencia sobredimensionados, para con el resto del mundo.


Si en Canciones del segundo piso (2000) se dirige este melancólico y personal enfoque a las relaciones laborales y sociales; y en La comedia de la vida (2007) lo hace con costumbres y actitudes modernas acompañado de trompetazos, en Una paloma se posó en una rama a reflexionar sobre la existencia la mirada se hace más íntima, representando emociones de una mirada frente a la muerte, manteniendo la ‘trivialidad’ de Andersson como hilo conductor de sus trabajos, no solo de esta trilogía, sino también con sus trabajos para anuncios comerciales, un oficio que ha marcado su modo de ver y utilizar el cine y las inquietudes de la vida moderna, atendiendo a las controversias de coexistir simultáneamente en entornos sociales, laborales y hábitos de consumo ampliamente contradictorios entre sí. No es necesario haber visto las entregas anteriores para disfrutar de esta última, la cual resulta adecuada para alguien que no haya tomado contacto aún con el trabajo de Roy Andersson y conocer su personalísimo trabajo, cerniendo carcajadas sobre las penas y miserias que nos permitimos tener los humanos.

Luis N. Sanguinet


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*En youtube están recopilados los trabajos comerciales de Andersson, en los que ya se identifican signos de la identidad de su posterior trabajo cinematográfico:




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